Luego me pidió que le hablase de mi divorcio.
- Yo no quería divorciarme. Fue ella la que un buen día, se marchó con otro.
-¿Te dolió?
-Supongo que a cualquiera que se viera en esa situación le dolería.
Ella me miró a los ojos con las mejillas apoyadas en las manos.
- Lo siento, no debería haber sacado el tema. Pero la verdad es que me cuesta imaginarte dolido. ¿Qué ocurre cuando algo te hiere?
- Ocurre que me pongo chapas de Keith Haring en el abrigo.
Ella se rió.
- ¿Sólo eso?
- Lo que quiero decir es que el dolor se vuelve crónico. Engullido por la vida diaria, uno deja de saber cuáles son las heridas. Pero están ahí. Así son las heridas: no se pueden coger y mostrar; las únicas que se pueden mostrar son heridas menores.
Baila, baila, baila. Haruki Murakami.
Lo mucho o poco que se quedo en el tintero de "Pensamientos para el tiempo y la distancia" No es una gran descripción, pero al menos no es mentira.
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miércoles, 25 de junio de 2014
miércoles, 13 de febrero de 2013
Jay
Gatsby se echó la colchoneta al hombro, dirigiéndose a la piscina. Se paró una vez para cambiarla de posición; el chófer le preguntó si quería que le ayudara, y él movió la cabeza, desapareciendo entre los árboles. No llegó ningún mensaje telefónico, pero el mayordomo no se durmió y esperó hasta las cuatro, mucho rato después de que ya no hubiera nadie a quien entregarlo, si llegaba. Tengo la impresión de que el propio Gatsby nunca creyó que llegase; quizá no le importaba. Si esto era cierto, debía pensar que había perdido su cálido y viejo universo. Había pagado muy alto precio por haber vivido demasiado tiempo con un solo sueño. Debió contemplar un cielo desconocido entre amedrentadoras horas, y debió estremecerse al darse cuenta de lo grotescas que es una rosa, y de cuán cruda era la luz del sol sobrela hierba recién nacida. Un nuevo universo material, sin llegar a ser real, donde los pobres fantasmas respiraban sueños, flotaba fortuitamente en torno suyo, como aquella cenicienta y fantástica figura que, entre los amorfos árboles, se deslizaba a su encuentro.
El Gran Gatsby
Francis Scott Fitzgerald.
El Gran Gatsby
Francis Scott Fitzgerald.
lunes, 5 de diciembre de 2011
El fin del mundo
-Es extraño-dije-. Yo aún tengo corazón, y sin embargo, a veces lo pierdo de vista.No. Mejor dicho, posiblemente está perdido y sólo en ocasiones lo recobro. A pesar de eso, tengo la certeza de que volverá, en un momento u otro, y esta certeza es la que, en definitiva, vertebra y sostiene mi existencia. Por eso me cuesta imaginar qué significa perder el corazón.
El anciano asintió repetidas veces en silencio.
-Reflexiona sobre ello con calma. Tú todavía tienes tiempo para reflexionar.
-Eso haré -dije yo.
El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas. Haruki Murakami.
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