Luego me pidió que le hablase de mi divorcio.
- Yo no quería divorciarme. Fue ella la que un buen día, se marchó con otro.
-¿Te dolió?
-Supongo que a cualquiera que se viera en esa situación le dolería.
Ella me miró a los ojos con las mejillas apoyadas en las manos.
- Lo siento, no debería haber sacado el tema. Pero la verdad es que me cuesta imaginarte dolido. ¿Qué ocurre cuando algo te hiere?
- Ocurre que me pongo chapas de Keith Haring en el abrigo.
Ella se rió.
- ¿Sólo eso?
- Lo que quiero decir es que el dolor se vuelve crónico. Engullido por la vida diaria, uno deja de saber cuáles son las heridas. Pero están ahí. Así son las heridas: no se pueden coger y mostrar; las únicas que se pueden mostrar son heridas menores.
Baila, baila, baila. Haruki Murakami.
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