miércoles, 25 de junio de 2014

Las heridas del hotel delfín.

Luego me pidió que le hablase de mi divorcio.

- Yo no quería divorciarme. Fue ella la que un buen día,  se marchó con otro.

-¿Te dolió?

-Supongo que a cualquiera que se viera en esa situación le dolería.

Ella me miró a los ojos con las mejillas apoyadas en las manos.

- Lo siento, no debería haber sacado el tema.  Pero la verdad es que me cuesta imaginarte dolido. ¿Qué ocurre cuando algo te hiere?

- Ocurre que me pongo chapas de Keith Haring en el abrigo.

Ella se rió.

- ¿Sólo eso?

- Lo que quiero decir es que el dolor se vuelve crónico. Engullido por la vida diaria, uno deja de saber cuáles son las heridas. Pero están ahí. Así son las heridas: no se pueden coger y mostrar; las únicas que se pueden mostrar son heridas menores.


Baila, baila, baila. Haruki Murakami.