Es curioso pero pese a no conocerla prácticamente nada, no pude evitar sentir cierta tristeza al verla con las maletas en la puerta de casa. Se ha ido y jamás volveré a verla y, de algún modo, el ver que nuestros caminos se separaban hace que piense acerca de que algo en mi año de Erasmus también ha llegado a su fin.
Me sorprende ver como en ocasiones somos tan sensibles con cambios que a priori no deberían importarnos demasiado.