miércoles, 14 de diciembre de 2011

Aliza

Aunque bien es cierto que nunca la conocí más allá de nuestra poca convivencia, (y quizás pude haber hecho más para conocerla), Aliza se marchó una mañana de Diciembre, dejando una habitación vacía en el cuarto piso de Herman Kragsvei 25.

Es curioso pero pese a no conocerla prácticamente nada, no pude evitar sentir cierta tristeza al verla con las maletas en la puerta de casa. Se ha ido y jamás volveré a verla y, de algún modo, el ver que nuestros caminos se separaban hace que piense acerca de que algo en mi año de Erasmus también ha llegado a su fin.

Me sorprende ver como en ocasiones somos tan sensibles con cambios que a priori no deberían importarnos demasiado.

lunes, 5 de diciembre de 2011

El fin del mundo

-Es extraño-dije-. Yo aún tengo corazón, y sin embargo, a veces lo pierdo de vista.No. Mejor dicho, posiblemente está perdido y sólo en ocasiones lo recobro. A pesar de eso, tengo la certeza de que volverá, en un momento u otro, y esta certeza es la que, en definitiva, vertebra y sostiene mi existencia. Por eso me cuesta imaginar qué significa perder el corazón.

El anciano asintió repetidas veces en silencio.

-Reflexiona sobre ello con calma. Tú todavía tienes tiempo para reflexionar.

-Eso haré -dije yo.

El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas. Haruki Murakami.

martes, 6 de septiembre de 2011

La gracia de perder

Hoy, hace una media hora, acabo de ver la película "lost in translation" y he de decir que me ha encantado.

La razón por la que creo que opino esto es sencillamente que al final el chico bien consigue a la chica, dado que ésta lo quiere, pero, sin embargo, no se la lleva. Es curioso ver como durante toda la película esperas que llegue el momento del beso entre los dos protagonistas, ya que es obio que ambos desean hacerlo pero, esta película no trata sobre el amor de Hollywood y esos amores probablemente hasta adolescentes, lo cual dificulta bastante la vida de nuestros dos amigos que están al otro lado de la pantalla.

Y es que creo que nos es más fácil sentirnos identificados con ese Bill Murray que coge el coche y dice algo así como "vamos siga hacia el aeropuerto" y sigue adelante con esa mezcla entre tristeza, amargura y, sin embargo, cierto gozo. Esa media sonrisa nostálgica que todos parecemos conocer y que da tanta fuerza al las escenas finales del film.

Posiblemente nos gusté ver fracasar, al menos de vez en cuando, a la gente sólo para recordarnos nuestros propios fracasos y hacernos pensar por dentro "es verdad".